De los palacios otomanos al Bósforo: una breve historia
Las raíces más antiguas de la danza están en las celebraciones comunitarias del Mediterráneo oriental, donde los movimientos circulares de cadera pertenecían a bodas, cosechas y ritos de paso, no a un escenario. Lo que convirtió una fiesta de pueblo en una profesión fue la corte otomana.
Çengi y köçek en la corte otomana
En el siglo XVI Estambul ya mantenía compañías organizadas de bailarines profesionales. Las çengi eran mujeres que actuaban para las mujeres del harén y en bodas y fiestas de circuncisión; los köçek eran jóvenes bailarines que trabajaban los cafés y las celebraciones públicas de la ciudad. Ambos eran artistas remunerados con estructuras gremiales, maestros, aprendices y reputaciones que viajaban. Las miniaturas cortesanas de la época los muestran con zills en la mano, y esos mismos crótalos siguen esta noche sobre el escenario del Bósforo.
De Sulukule al escenario moderno
Tras la fundación de la República, la tradición salió del palacio hacia la ciudad. El barrio romaní de Sulukule, junto a las viejas murallas bizantinas, se convirtió en el lugar al que iban los visitantes para escuchar clarinete y darbuka en vivo y ver la danza de cerca. A lo largo del siglo XX los gazino, los grandes supper clubs de Estambul, convirtieron a las bailarinas orientales en celebridades. Los barcos de cena del Bósforo heredaron directamente ese formato: cena, músicos en vivo, programa de escenario y pista de baile al final.